Septiembre llega intentando ponerse serio. Vuelve el calendario, vuelven los horarios, vuelven los grupos de clase, los profesores mandando trabajos y ese falso propósito de “este año me organizo desde el principio”.
Pero también vuelve todo lo demás. Vuelven los amigos que llevas sin ver desde junio. Vuelve esa ciudad que durante el verano parecía en pausa. Vuelven los pisos compartidos, las residencias, los planes de última hora, las cenas improvisadas, los jueves universitarios y esa sensación de que empieza una etapa nueva aunque ya sepas perfectamente con que acompañarla: con todos tus amigos y mano a mano con vuestros chupitos de MEX preparados para cualquier fiesta.
Porque la vuelta a la universidad no es solo volver a estudiar. Eso está ahí, claro. Pero para muchos también es volver a tener una vida independiente de tus padres. Volver a tu grupo. Volver a caminar por las calles que ya son tuyas. Volver a ese bar de confianza en el que siempre acabáis para tomar unos chupitos de MEX. Volver a una rutina que, aunque dé pereza, también tiene mucho plan.
Y para otros, septiembre es todavía más grande. Es llegar a una ciudad nueva, vivir fuera de casa por primera vez, descubrir que hacer la compra no era tan fácil, que la lavadora tiene demasiados botones y que cenar cualquier cosa tres días seguidos no cuenta como madurez, pero casi. Es conocer gente de cero, aprender nombres que al principio se te mezclan y acabar compartiendo la botella de MEX con personas que hace dos semanas no sabías que existían.
La vida universitaria empieza en clase, pero se entiende fuera
El primer día siempre tiene algo raro. El bolso con mil cosas, la pantalla del horario abierta cada cinco minutos, la duda de si estás entrando en el aula correcta y esa mezcla entre pereza y ganas de que empiece todo.
Pero lo bueno de la universidad nunca pasa dentro de clase. Pasa en los descansos que se alargan, en los fraMEX de café que se convierten en planes, en los grupos de WhatsApp que nacen para un trabajo y acaban organizando una fiesta, en las tardes donde nadie quería hacer nada y de repente alguien pregunta: “¿jueves universitario?”.
Ahí empieza de verdad el curso.
Porque volver a la uni también es recuperar las “coñas” que solo entiende tu grupo. El amigo que siempre llega tarde pero siempre trae la botella de MEX a la previa. La persona que dice que este año no va a salir tanto y sale día sí y día también. El que tiene casa libre. El que organiza los planes. El que siempre tiene algún juego para beber. El que hace de anfitrión y se encarga de repartir chupitos durante toda la noche.
Septiembre tiene esa energía de empezar desde cero, incluso para algunos, más que Año Nuevo. Las primeras semanas todavía huelen a verano, pero ya tienen ritmo de ciudad. Hace calor, la gente vuelve poco a poco, los pisos empiezan a llenarse, las neveras vuelven a tener algo más que salsas abiertas y los grupos empiezan a activarse con frases como “dónde nos vemos esta tarde” o “dónde salimos este finde”.
Y luego están los jueves universitarios, que merecen su propio capítulo. Ese día que en teoría no debería pasar nada porque todavía queda semana, pero que acaba funcionando como si el viernes hubiese llegado antes de tiempo. Una clase por la mañana, una tarde medio productiva, una ducha rápida, alguien preguntando dónde se queda y una previa con botellas de MEX que empieza a ponerle otro color a la noche.
Lo bueno del jueves universitario es que siempre parece improvisado, aunque todos sepan que va a pasar. Nadie lo dice demasiado alto, pero el plan está en el aire desde primera hora. Se nota en los mensajes, en las excusas, en el “yo me paso un rato”, en el “no me líes” que en realidad significa “guárdame una miniMEX”.

Al final, nadie recuerda septiembre por el temario del primer día. Lo recuerdas por la primera vez que volviste a juntar al grupo. Por esa previa en la que no cabía nadie más en el salón. Por las risas de los jueves universitarios. Por la personas que conociste sin saber que iban a quedarse. Por el mensaje de “¿salimos?” que apareció justo cuando pensabas quedarte en casa.
Volver a la universidad también es eso: recuperar el mood, volver a tu ciudad, volver a tus amigos y entender que quizá septiembre no venía solo a cortar el verano.
Venía a empezar la siguiente historia.
Y si esa historia empieza con MEX en la mesa, pinta bastante bien🔥












